Me parto con el parto.
Bueno, Lunes y aquí estamos otra vez. Había pensado dar un salto hacía delante, es decir de la leche de continuación, que es donde nos habíamos quedado, al cubata, también de continuación por que caen uno detrás de otro cuando llega la adolescencia. Pero, he tenido una petición de alguien muy especial y no me puedo negar, así que el salto va a ser hacía atrás, poco pero muy poquito hacía atrás.
La petición es sobre los partos, que es ese momento que te has puesto con tal tripón que crees que vas a explotar...…y explotas.
Los partos para las chicas son como las antiguas "milis" de ellos, bueno quizá no tanto, por que mi padre todavía cuenta la suya y creo que la hizo con Don Pelayo. Hay cosas que te marcan, yo tengo una amiga, por ejemplo, que cada vez que pasábamos por cierta plaza de Madrid me decía señalándome una farmacia: "Mira ahí fue donde le compre el primer bote de leche a ***** nada más salir del hospital". Me lo dijo por lo menos media docena de veces, la ventaja que tiene eso es que ahora, que ya no la veo tanto, cada vez que paso por ahí me acuerdo de ella. Tengo otra amiga que se puso de parto por la noche. Esta amiga era y es primeriza, que visto lo visto no repitió, y, como es normal despertó para ir al hospital al padre de la criatura que dormía a pierna suelta a su lado, éste con un ojo abierto y otro cerrao le dijo: "¿Ahora?. ¿No te podrías aguantar un poco?". ¡Ellos son así!
Además esto de los partos va por modas, hubo una época en que te daban un lingotazo de coñac y hala, tira. Otra que te dormían entera, para volver, otra vez , al parto natural porque sí el vínculo que se creaba, que si había que disfrutarlo, que como no te fuese lo de "al placer por el dolor" ya me explicaran a mi el disfrute, eso o lo de ser mártir, que viene a ser lo mismo y había que parir así, a pelo, que es que no te daban ni el coñac. Entonces nos empezaron a comer el coco los "ecosostenibles" diciéndote que en la selva las mujeres parían así, agachadas, agarrándose a un árbol y listo. Pero vamos a ver, también cocinan con una fogata en el suelo y tu tienes vitrocerámica, no lista? Otra "ecovariedad" de parto es el parto en el agua. ¿Os pensáis que es como los niños de "El Lago Azul? ¡Tururú!
Me gustaría ponerme fina para contaros lo del parto en el agua, una vez en la piscinita o bañera puedes poner luz tenue, velitas, música zen y oro, incienso y mirra, que lo primero que se va a encontrar la criatura son una ñordas como puños flotando por el agua, que es que cuando se empuja, se empuja todo y esas no son formas de nacer ¡hombre!
Ahora, afortunadamente, se inventaron la anestesia epidural, esta te duerme de cintura para abajo y tu puedes leer el periódico, hacer calceta, apretar y hasta tomarte el coñac, pero por que te gusta el plinpli y mientras el niño va naciendo a su bola, consejo a las futuras madres, esta es la mejor forma, ni árbol, ni piscina, ni nada de nada, epidural forever.
Y, ahora, ahí va mi experiencia con el parto de mi primera hija. Dispuesta a afrontarlo a pelo, sin filigranas de ningún tipo por que creía que aguantaba muy bien el dolor, que era una tía dura y además me había comprado el "Ser Padres" desde que me dio positivo el test de la rana, total que eso estaba, chupao.
Me habían comido el coco, pobre de mi, de muchas formas y me habían contado que no me podía, por ejemplo, sentar encima de algo de granito por que el niño me iba a salir no se como, pero mal. Que justo antes del parto tenía que expulsar el "tapón" y yo, visualicé el tapón como los negros de goma de esos de las bañeras y aparte de esperar al bebé, también esperaba al tapón. Fueron pasando los meses y una noche, sobre las 11 o así, fui al baño y vi algo, no pensé que fuera el famoso tapón ni de coña, ni era negro ni redondito, era mas bien tipo "blandiblú" y se lo conté a mi madre que respondió: "El tapón, eso es el tapón así que vámonos para la clínica". Y para allá que fuimos. Me miraron y sí, estaba de parto pero todavía tenía para rato y además era primeriza y además era jovencita y además...aquello cada vez le dolía mas.
Con mis pensamientos mas filosóficos y mas profundos como sí se me hubiese abierto el tercer ojo y me hubiese caído encima la iluminación de golpe desde el espacio sideral pensé: "Claro, parto viene de que me parto, que se te tiene que abrir la cadera y lo otro y que si no te partes del todo es por que, por que.....bueno, no se por que, pero podría pasar perfectamente".
A todo esto eran ya la una y pico de la mañana y me había quedado sola en la habitación, me habían dicho que caminase, que e venía bien y yo, que era muy bien mandada pues caminaba alrededor de la cama una vuelta y otra, ¿habéis visto "El expreso de medianoche? Los presos, que ya no están en sus cabales dan vuelta entorno a una piedra siempre en la misma dirección, bueno pues yo estaba como los presos locos dándose unos "voltios" alrededor de la cama.
A las tres de la mañana ya las vueltas las daba agarrándome la tripa y rezando "padresnuestros" por que había ido a un colegio de monjas y me pareció que el Señor era el único que iba a comprenderme sí en algún momento y el momento llegaría, me pusiese a blasfemar, no me lo tuviese en cuenta, algo así como que "el que avisa no es traidor".
Me habían comido el coco, pobre de mi, de muchas formas y me habían contado que no me podía, por ejemplo, sentar encima de algo de granito por que el niño me iba a salir no se como, pero mal. Que justo antes del parto tenía que expulsar el "tapón" y yo, visualicé el tapón como los negros de goma de esos de las bañeras y aparte de esperar al bebé, también esperaba al tapón. Fueron pasando los meses y una noche, sobre las 11 o así, fui al baño y vi algo, no pensé que fuera el famoso tapón ni de coña, ni era negro ni redondito, era mas bien tipo "blandiblú" y se lo conté a mi madre que respondió: "El tapón, eso es el tapón así que vámonos para la clínica". Y para allá que fuimos. Me miraron y sí, estaba de parto pero todavía tenía para rato y además era primeriza y además era jovencita y además...aquello cada vez le dolía mas.
Con mis pensamientos mas filosóficos y mas profundos como sí se me hubiese abierto el tercer ojo y me hubiese caído encima la iluminación de golpe desde el espacio sideral pensé: "Claro, parto viene de que me parto, que se te tiene que abrir la cadera y lo otro y que si no te partes del todo es por que, por que.....bueno, no se por que, pero podría pasar perfectamente".
A todo esto eran ya la una y pico de la mañana y me había quedado sola en la habitación, me habían dicho que caminase, que e venía bien y yo, que era muy bien mandada pues caminaba alrededor de la cama una vuelta y otra, ¿habéis visto "El expreso de medianoche? Los presos, que ya no están en sus cabales dan vuelta entorno a una piedra siempre en la misma dirección, bueno pues yo estaba como los presos locos dándose unos "voltios" alrededor de la cama.
A las tres de la mañana ya las vueltas las daba agarrándome la tripa y rezando "padresnuestros" por que había ido a un colegio de monjas y me pareció que el Señor era el único que iba a comprenderme sí en algún momento y el momento llegaría, me pusiese a blasfemar, no me lo tuviese en cuenta, algo así como que "el que avisa no es traidor".
A no sabemos bien que hora, no me aguantaba más, llegó una enfermera y me puso algo pinchado en la vena de la mano y le advirtió de que no me moviese, que sí se m2e salía la aguja se le podría hinchar la mano, manda huevos otra preocupación más, pero como tenía que echar los demonios del dolor fuera, empecé a soltar unos gemidos tímidos que subían de tono en forma directamente proporcional al la frecuencia de las contracciones.
Dentro de mi estado de "semi-locura" seguía distinguiendo perfectamente los tonos graves de los agudos y decidí que ya que iba a gritar agudos como una descosida, que lo iba a hacer, y para no avergonzar a mi madre, que la pobre no sabía donde meterse, gritaría en el tono mas grave que le fuese posible. Y ahí me tenéis, aullando en tono Barry White.
Junta los tonos Barry White, con la oxitocina, que si ya parir te duele solo, con eso que es para acelerarlo, no hay respiro y ahí empezaron las anteriormente anunciadas blasfemias: "Me caguen ****. esto solo me pasa a mí" pobrecilla, si había por lo menos otras cuatro o cinco ocupadas en lo mismo, solo que en silencio como las hemorroides.
La clínica era atendida por monjas, así que de vez en cuando se acercaba una, que solo asomaba la cabeza por una rendija de la puerta, por si yo levitaba o giraba la cabeza o algo, que por muy monja que se sea no se está preparada para ese panorama y le decía bajito a mi madre: "Ay, por favor, a ver sí hay alguna manera de que grite más bajo" (o llamo al Padre Karras, le faltó decir).
Mi madre se acercaba e intentaba taparma un poco la cara con la almohada, para hacer de sordina, pero chica, no había forma y la mujer que es muy alegre, en el fondo estaba que se partía de risa y se volvía hacía la ventana para reírse sin que yo la viera, pero la vi. Me temo que todavía no la he perdonado.
En el reloj daban las ocho y apareció la comadrona del turno de mañana y como ya la habrían avisado de que por la noche había ingresado una parturienta endemoniada entró en la habitación y con mucho cariño me dijo: "A ver, bonita tranquilízate que ahora mismo vengo y te enseño a respirar".
Mal, muy mal hecho porque ¿Qué es lo que creeréis que le vociferé?: "YO SÉ RESPIRAR DESDE QUE HE NACIDOOO, LO QUE QUIERO ES QUE ME DUERMAN Y ME SAQUEN ESTO DE UNA VEEEEEEZ".
La comadrona no se complicó mas y me metió un chute de "Valium", que como a toda buena endemoniada que se precie no me hizo nada o más bien poco, así que a la mujer no se la volvió a ver por allí.
¿Lleváis la cuenta? Desde las once que se me cayó quitó el famoso tapón habían pasado ya nueve horas y desde los "padresnuestros" alrededor de la cama cinco, las torturas de la Santa Inquisición duraban menos. Así que entre grito y grito, blasfemia y blasfemia (no era nada personal, que ya se lo había advertido de antemano a Dios) fueron pasando las horas, hasta que en un momento dado se abrió la puerta de la habitación y apareció un "galansote" con una camilla, que en aquel momento me pareció Richard Gere cuando coge a la chica en brazos y la saca de la fábrica, el "camillero galansote" me cogió en brazos también, me tumbó en la camilla y me llevó hacía la salvación o al menos eso fue lo que pensé.
Cuando llegué al quirófano, me encontré cara a cara con el médico, ese desgraciao que no me había avisado de la tortura que se me venía encima, a mí, la tía dura, osease el parto. En otra situación le habría lanzado una patada ahí mismísimo por traicionero, pero ahora no podía ni con la pantufla. El médico mirándome, quiero pensar, con cariño, el muy falso, va y me dice: "Ahora, guapa, coge aire y cuando lo sueltes, empuja".
¡Hasta ahí habíamos llegado! me entró la misma ira que con la comadrona y con el tono más amenazante e imperativo que sabía poner, le espeté:"!QUE NI EMPUJO NI HAGO NADA, QUE ME DUERMA¡".
Lo último que recuerdo es que se me fue la pantalla a negro , igual es que el médico me pegó un puñetazo, por faltona, pero qué más da, me durmió. Cuando desperté de la pantalla en negro, vi que tenía al lado una cosita morenita de cuatro kilos (el equivalente a dos bolsas de naranjas del Mercadona) que como no me iba a doler expulsar tanto peso y que como buena madre tenía que pensar que el sufrimiento había merecido la pena y así fue, mereció la pena ese y cualquier otro sufrimiento. Ahora recordando aquello, me parto con el parto.
Dentro de mi estado de "semi-locura" seguía distinguiendo perfectamente los tonos graves de los agudos y decidí que ya que iba a gritar agudos como una descosida, que lo iba a hacer, y para no avergonzar a mi madre, que la pobre no sabía donde meterse, gritaría en el tono mas grave que le fuese posible. Y ahí me tenéis, aullando en tono Barry White.
Junta los tonos Barry White, con la oxitocina, que si ya parir te duele solo, con eso que es para acelerarlo, no hay respiro y ahí empezaron las anteriormente anunciadas blasfemias: "Me caguen ****. esto solo me pasa a mí" pobrecilla, si había por lo menos otras cuatro o cinco ocupadas en lo mismo, solo que en silencio como las hemorroides.
La clínica era atendida por monjas, así que de vez en cuando se acercaba una, que solo asomaba la cabeza por una rendija de la puerta, por si yo levitaba o giraba la cabeza o algo, que por muy monja que se sea no se está preparada para ese panorama y le decía bajito a mi madre: "Ay, por favor, a ver sí hay alguna manera de que grite más bajo" (o llamo al Padre Karras, le faltó decir).
Mi madre se acercaba e intentaba taparma un poco la cara con la almohada, para hacer de sordina, pero chica, no había forma y la mujer que es muy alegre, en el fondo estaba que se partía de risa y se volvía hacía la ventana para reírse sin que yo la viera, pero la vi. Me temo que todavía no la he perdonado.
En el reloj daban las ocho y apareció la comadrona del turno de mañana y como ya la habrían avisado de que por la noche había ingresado una parturienta endemoniada entró en la habitación y con mucho cariño me dijo: "A ver, bonita tranquilízate que ahora mismo vengo y te enseño a respirar".
Mal, muy mal hecho porque ¿Qué es lo que creeréis que le vociferé?: "YO SÉ RESPIRAR DESDE QUE HE NACIDOOO, LO QUE QUIERO ES QUE ME DUERMAN Y ME SAQUEN ESTO DE UNA VEEEEEEZ".
La comadrona no se complicó mas y me metió un chute de "Valium", que como a toda buena endemoniada que se precie no me hizo nada o más bien poco, así que a la mujer no se la volvió a ver por allí.
¿Lleváis la cuenta? Desde las once que se me cayó quitó el famoso tapón habían pasado ya nueve horas y desde los "padresnuestros" alrededor de la cama cinco, las torturas de la Santa Inquisición duraban menos. Así que entre grito y grito, blasfemia y blasfemia (no era nada personal, que ya se lo había advertido de antemano a Dios) fueron pasando las horas, hasta que en un momento dado se abrió la puerta de la habitación y apareció un "galansote" con una camilla, que en aquel momento me pareció Richard Gere cuando coge a la chica en brazos y la saca de la fábrica, el "camillero galansote" me cogió en brazos también, me tumbó en la camilla y me llevó hacía la salvación o al menos eso fue lo que pensé.
Cuando llegué al quirófano, me encontré cara a cara con el médico, ese desgraciao que no me había avisado de la tortura que se me venía encima, a mí, la tía dura, osease el parto. En otra situación le habría lanzado una patada ahí mismísimo por traicionero, pero ahora no podía ni con la pantufla. El médico mirándome, quiero pensar, con cariño, el muy falso, va y me dice: "Ahora, guapa, coge aire y cuando lo sueltes, empuja".
¡Hasta ahí habíamos llegado! me entró la misma ira que con la comadrona y con el tono más amenazante e imperativo que sabía poner, le espeté:"!QUE NI EMPUJO NI HAGO NADA, QUE ME DUERMA¡".
Lo último que recuerdo es que se me fue la pantalla a negro , igual es que el médico me pegó un puñetazo, por faltona, pero qué más da, me durmió. Cuando desperté de la pantalla en negro, vi que tenía al lado una cosita morenita de cuatro kilos (el equivalente a dos bolsas de naranjas del Mercadona) que como no me iba a doler expulsar tanto peso y que como buena madre tenía que pensar que el sufrimiento había merecido la pena y así fue, mereció la pena ese y cualquier otro sufrimiento. Ahora recordando aquello, me parto con el parto.
Y que sepas... que el bote era marca Puleva XDDD. Me encanta su sentido del humor, me parto cada vez que leo. un beso guapa!!!!
ResponderEliminarBuenísimo,una fina ironía junto con una gran verdad!!,y muy bien narrado.Me encanta.
ResponderEliminarSobre todo lo de la verdad, que es que te quieren vender unas motos....
ResponderEliminarXq mis comentarios no salen!!!
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